Adiós a las bombillas incandescentes

La Unión Europea ha dejado ya de fabricar la bombilla de 100 vatios

13-oct-2009 Marina Otero Spagnuolo

Bombillas de bajo consumo - Marina Otero
Bombillas de bajo consumo - Marina Otero
Una directiva comunitaria pone punto final a las bombillas tradicionales, despejando el camino para las cada vez más populares lámparas de bajo consumo.

Dentro de poco tiempo las bombillas de incandescencia serán cosa del pasado. Las primeras en desparecer serán las de 100 vatios, que dejaron de fabricarse en la Unión Europea en septiembre de 2009, aunque seguirán comercializándose hasta el fin de existencias. Estas bombillas tradicionales presentan una baja eficiencia energética pues, por cada vatio de energía consumido, apenas un 10% sirve para generar luz, perdiéndose el 90% restante en forma de calor.

En los próximos años, dejarán de fabricarse las bombillas incandescentes más populares: la de 60 vatios en septiembre de 2011 y las de 40 y 25 vatios un año después. La retirada definitiva de todo el alumbrado antiguo de bajo rendimiento permitirá a la UE un ahorro de entre 5.000 y 10.000 millones euros anuales, y un recorte en las emisiones a la atmósfera de aproximadamente 15 millones de toneladas de CO2.

Bombillas de bajo consumo

Las bombillas de bajo consumo, denominadas también lámparas fluorescentes compactas, son una versión en miniatura de los grandes fluorescentes tan populares en los techos de cocinas, escuelas u oficinas. La luz que emiten es mucho más cálida y favorecedora y no zumban ni parpadean.

Su gran ventaja frente a las lámparas tradicionales reside en que su vida útil es entre 8 y 12 veces mayor y, para un mismo nivel de iluminación, consumen entre un 65 y un 80% menos. El ahorro energético compensa de sobra su mayor coste, por lo que resultan más económicas a medio y largo plazo que las tradicionales bombillas de filamento.

Estas bombillas emiten muy poco calor cuando están encendidas, por lo que las pérdidas de energía se reducen considerablemente, además se adaptan a un mayor número de lámparas.

Obtener el máximo rendimiento de las bombillas de bajo consumo

Las bombillas de bajo consumo, al igual que lo que ocurre con las fluorescentes, consumen mucha energía en el momento de encenderse. Por ello, desde el MInisterio de Industria, Turismo y Comercio, se recomienda su uso en estancias donde se utilice la luz por breves períodos de tiempo o donde se enciendan y apaguen con frecuencia, ya que esto reduce su vida útil. Señalan también la conveniencia de instalarlas en aquellos puntos de iluminación con mayor número de horas de encendido al año o de uso más continuado.

Halógenos: más eficientes que la bombilla tradicional y menos que la de bajo consumo

En el mercado existen otros tipos de bombillas, como los halógenos, muy populares tanto en uso doméstico como profesional por su gran potencia y alta capacidad de iluminación. Estas lámparas son una versión mejorada de las tradicionales bombillas incandescentes. El bulbo está relleno de gas que potencia la iluminación, y el cristal es de cuarzo, que resiste mejor las elevadas temperaturas. Superan en eficiencia a las lámparas convencionales de filamento, pero quedan lejos de la de las lámparas de bajo consumo. Por ello, a partir del año 2012 en la Unión Europea sólo se fabricarán los halógenos de última generación, que emplean un 50% menos de energía y duran tres veces más que las bombillas convencionales.

La tecnología LED: lo último en iluminación

La nueva tecnología de los diodos emisores de luz o LED, según el acrónimo inglés, supone lo último en iluminación. Las nuevas bombillas de LED consiguen ahorrar tanta energía como las de bajo consumo, pero duran hasta 10 veces más, lo que equivale a unas 60.000 horas de funcionamiento. Su rendimiento luminoso es superior a todas las tecnologías existentes y cuentan también con la importante ventaja de no contener mercurio en su composición.

Si bien el uso de los LED está muy extendido en linternas, balizamiento y señalización, la bombilla LED todavía no ha triunfado en los hogares. Su precio es mucho más elevado que las demás bombillas y la tecnología todavía no se adapta con éxito a las condiciones domésticas (necesita una alimentación adaptada y de calidad y funciona mejor a bajas temperaturas). Sin embargo, es cuestión de tiempo que la investigación tecnológica convierta a estas bombillas en una auténtica alternativa en iluminación.

Y, por último: ¿qué hacer con las bombillas fundidas?

Las bombillas tradicionales, una vez fundidas, se eliminan tirándolas al cubo de la basura. Sin embargo, tanto las bombillas de bajo consumo como los halógenos, deben depositarse en los contenedores de residuos tóxicos, puesto que, como señala la prestigiosa revista Chemistry World, contienen productos como mercurio y plomo, materiales nocivos para la salud y el medio ambiente que la Directiva Europea sobre Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos obliga a reciclar. En los puntos verdes y puntos limpios de cada localidad se encuentran contenedores especiales en los que depositar las bombillas que ya han dejado de funcionar, y también pueden entregarse sin coste alguno en los puntos de venta y distribución siempre que se adquiera una nueva lámpara equivalente.

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  • Lámparas de LEDs - Tyler Nienhouse

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  • Interior de un halógeno - CoolKoon

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